• Patricia Vigill

Postura externa e interna para meditar


“La postura encarna tu actitud”

¿Cómo sentarnos a meditar? ¿Qué tiene de especial el hecho de sentarnos? Generalmente nada, es una acción que hacemos habitualmente. Sentarnos es simplemente la forma práctica de descansar retirando el peso de los pies, o la forma en que comemos o trabajamos frente a nuestra computadora.

Pero cuando se trata de meditar, sentarse es algo muy especial. Sentarse a meditar implica sentarse de forma erguida y digna. Te sientas erguido pero no rígido.

La postura es el hecho de adoptar una posición no solo física sino interior, en el sentido de adoptar una Actitud. Hay en la postura para meditar una sensación de honrar la forma de colocar el cuerpo, la mente en este preciso momento.

Desde cualquier ángulo que veamos a una persona meditar, su postura denota un estado de alerta, aunque sus ojos estén cerrados y su rostro este sereno, es como si estuviéramos viendo una montaña por su presencia y estabilidad. La postura de meditación irradia presencia de adentro hacia afuera. En el instante que la persona se queda dormida la mente se hunde y todas las cualidades de esta postura se desvanecen.

Pero asumir la postura correcta es solo el principio de un proceso que se ira desplegando continuamente. Puede ser que estemos muy bien colocados y lo que sigue es donde colocar la mente; pues aunque la postura del cuerpo puede ser muy estable, esta será el apoyo para que la mente también se asiente. Entonces una vez sentados y estables lo que queda es a donde vamos a llevar nuestra consciencia. A que vamos le vamos a prestar atención. Lo mejor es empezar por lo más simple que es atender nuestra respiración, la respiración en algo natural y siempre está disponible en todo momento y en cualquier lugar. Usamos la respiración como un ancla que nos regrese y nos estabilice en el momento presente. Con la práctica podremos ampliar nuestra consciencia a todo el flujo de pensamientos, sensaciones, emociones que acontecen, a todos esos impulsos y patrones que se manifiestan en nuestro cuerpo y en nuestra mente, pero esto será una vez que estemos más estables.

Así que cuando nos sentemos a meditar, nos recordamos a nosotros mismos que debemos sentarnos con dignidad y presencia. De forma intuitiva todos podemos reconocer esta sensación interna de dignidad y sabemos cómo encarnarla.

“La postura realiza su propia afirmación”.

Entonces podemos decir que sentarnos a meditar significa ante todo sentarnos de un modo que nuestro cuerpo afirme, irradie y tramita una actitud de presencia, de reconocer y aceptar sin juzgar todo cuanto emerge en el momento. La principal característica es el desapego y la ecuanimidad, una analogía es ser como un espejo claro que se limita a reflejar y en sí mismo, que está abierto, receptivo y sin expectativas.

¿Cuánto tiempo debo meditar?

Es una pregunta que surge constantemente, es difícil decir al inicio cuanto es el tiempo ideal, si a la persona le pedimos más tiempo es posible que se desmotive, pues será mucho el esfuerzo, o si le pedimos poco, para ella no será suficiente y tal vez no logre ni siquiera estabilizarse en la postura y esto no le servirá de mucho. Dicen los expertos que de 20 a 50 minutos es un tiempo suficiente que nos permite asentarnos en la quietud y cultivar una atención y concentración más estable en el momento presente, también nos puede permitir tener experiencias de bienestar y relajación mas profunda. Esto nos llevara a desarrollar la capacidad de permanecer estables, claros y con atención plena.

Pero la percepción de largo o corto tiempo, o de mucho o poco en muy relativa todo depende de la persona. Si tu vida estas inmersa en el caos, el estrés o la prisa es posible que no tengas la suficiente energía para meditar por periodos largos, aun si se tiene el tiempo para hacerlo. Entonces para aquellos que buscan integrar la meditación para tener mayor bienestar a su vida, ser flexibles no es solo útil sino esencial.

Es muy importante saber que la meditación tiene que ver muy poco con el tiempo del reloj. Cinco minutos de práctica formal pueden ser tan profundos y hermosos como para alguien que ha estado en una práctica más larga. La sinceridad del esfuerzo es mucho más valiosa que el tiempo transcurrido, pues cuando se trata de estar presentes no estamos hablando de horas o minutos sino de momentos de plena consciencia. En realidad no es medible en tiempo cronológico, así que por lo tanto unos cuantos minutos de conexión y presencia pueden plenos e infinitos.

Dedica diariamente unos minutos simplemente a estar atento a tu respiración, esto implica que dejaras la inercia de hacer y correr para simplemente Ser. Sigue con atención el va y ven tu respiración, deja que este flujo te ancle al presente. Si tu mente se ve arrastrada por los pensamientos, permite que regrese a la respiración esto te traerá de vuelta, cada vez que te des cuenta que tu mente se ha distraído, regresa la atención a la respiración cuantas veces sea necesario, con la practica lograras tener la familiaridad de atrapar las distracciones de tu mente y regresarla; incluso cuando estamos deprimidos, preocupados o confundidos el hecho de sentarnos y seguir la respiración puede liberar esas experiencias y reconectarnos con la confianza y el valor que tiene una vida vivida en el presente.

Si al principio consigues practicar unos pocos minutos o incluso un minuto, esto es realmente fantástico. Significa que ya estas probando el valor qué tiene el hecho de detenerse, de salir de la inercia de lo cotidiano y dejar de hacer para simplemente estar plenamente consciente.

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